La relación entre Max y yo iba decayendo. Ya nunca había sorpresas, me aburría con él si no estábamos en la cama. En dos años él era el mismo, pero ahora yo le veía diferente, le veía insulso a veces hasta en la cama.
Llevaba ya meses sin satisfacerme en ningún sentido y yo empezaba a cansarme de que siempre estuviese fuera.
Un día decidí cambiar las cosas, hacer regresar esa pasión de antes. Así que me fui a su empresa. Mi plan era hacerlo encima de su escritorio a cuatro patas, siempre con esa emoción que tanto me gustaba de ser pillados.
Me puse un vestido rojo y unos tacones. Me dejé el pelo suelto y me coloqué el mejor sujetador, para que mi escote fuera más prominente.
Subí rodeada de varios hombres en el ascensor, los cuales me recorrieron con la mirada de arriba abajo. Eso me puso a cien. No hay nada más que me guste que sentirme deseada.
Me acerqué hasta una sala con un par de sillas y un escritorio, donde se sentaba la secretaria de Max. Como no vi a nadie no me lo pensé y entré sonriente al despacho. Pensé "mejor, se dará más sorpresa".
Al entrar vi a Vicky, la secretaria, montada desnuda en Max, jadeando, mientras él le sobaba las tetas y la agarraba del culo.
Mi corazón dió un vuelco y mi cuerpo se quedó completamente parado.
-¡Amelia! -dijo dando un bote Max.
En ese momento una lágrima me pasó por la mejilla y algo en mi interior dijo "corre" y me largué de allí, mientras Max se subía los pantalones y empezaba a seguirme sin llegar a alcanzarme.
Me sentí tan estúpida y engañada. Se tiraba a su secretaria a saber desde cuando...
Paseé hasta la noche y cuando me sentí cansada regresé a casa. Él estaba allí, sentado en la cama, con las manos en la cabeza.
Yo crucé los brazos y me apoyé en la puerta, observándole y esperando a que dijese algo.
Estaba muy sexy. Llevaba el torso al descubierto y en sus calzoncillos podía verse el bulto que siempre había considerado mío. Estaba enfadada, pero le deseaba tanto...
-Esto no tenía que haber pasado... -dijo él.
-¿Tirarte a tu secretaria? -contesté.
Él me miró serio, como sorprendido por mi entereza.
-Dime una cosa... -proseguí acercándome a él. -¿Folla mejor que yo? -le agarré del pelo y le besé en los labios. -¿Te la chupa mejor? ¿Es eso?
Él comenzó a besarme y a sobarme las tetas.
Yo no podía evitarlo, le quería y lo deseaba. Necesitaba sentirle, abrazarle, hacerle romper de placer.
Me quité el vestido y él se quitó los calzoncillos, dejándo ver su polla erecta. Le chupé el pecho, la barriga y las ingles, hasta que me metí su pene a la boca y comencé a mamársela, mientras oía sus gemidos.
Yo disfrutaba y Max también, pero me llegó a la mente la imágen de él y su secretaria y le mordí de la ira. Max lanzó un pequeño grito mezclado de placer.
-Métemela... -le dije.
Él me agarró y me puso acostada en la cama. Me besaba por el cuello mientras se la cogía para metérmela. Yo no paraba de gemir, mis piernas hacían fuerza para que él entrara más en mí.
Le metí la lengua en la garganta del beso que le di al sentir el placer que tanto había anhelado. Mis gemidos eran gritos bañados en un sentir puro, mezclado de enfado y deseo, de engaño y necesidad.
Apreté su culo duro hacia mí, le clavé las uñas y le susurré que no parase, que siguiese, que me follase.
La cama chirriaba, lo estábamos haciendo de la manera más salvaje. Creo que si se pudiera morir de placer, yo lo habría hecho aquella noche.
Nos corrimos con tanta intensidad que mi corazón se iba a salir de mi pecho.
-Fóllame... fóllame... -le decía.
Calló en mi pecho y nosperdimos en un abrazo. Yo sentía que había alcanzado lo máximo con él. Le miré, él me miró.
-Menos mal que todo se ha arreglado... No podría estar sin ti. -me dijo.
Yo me incorporé yme coloqué el vestido y las bragas.
-¿Qué haces? -preguntó impresionado.
-Verás, ya tengo lo que quería: el último polvo. Consideralo un regalo, porque después de lo que he visto hoy en tu despacho no soy capaz de seguir contigo, pese a que te amo... -me agaché hacia él. -Te quiero Max. Me ha encantado follarte por última vez.
Cogí mi bolso y di un portazo. No volví a verle o, mejor, él no volvió a verme a mí.