Ante todo bienvenidos a este mi blog.

El hecho de escribir sobre mis fantasías sexuales me hace ponerme a mil por hora, pero haré una excepción de no levantarme la falda y correrme, para así poder describir las razones que me han llevado a abrir este espacio.

Mi primera vez fue a los dieciséis años con un muchacho de mi instituto, Federico, al que todos llamábamos Freddy.

Era el chico más guapo y con el paquete más pronunciado que había visto en mi vida, a parte de ser el único del que desde hacía años estaba enamorada.

Él nunca se había fijado en mí, o al menos yo no me había percatado de ello. Era mirarme y mi cuerpo tenía una reacción parecida a la de un volcán, se me herizaba la piel y mi mente inventaba mil historias con él de protagonista.

Un día, el cual nunca olvidaré, pedí ir al servicio en clase y el profesor me concedió la petición. Bajé acelerada al baño de las chicas y me percaté de que no había ningún baño ocupado. Cerré la puerta y me metí en uno de ellos, puse el pestillo, me bajé las braguitas blancas, abrí las piernas y empecé a masturbarme de manera rápida. Cuando estaba llegando al placer del ansiado orgasmo oí que se abría la puerta y dejé de mover la mano y de respirar tan fuerte. Espere a que quien quiera que fuera se marchara, pero no oía nada. De repente, vi que se paraba delante de mi puerta.

-Está ocupado... -dije con la voz temblorosa, no de miedo sino por lo cachonda que estaba.

Tras unos segundos la persona habló golpeando muy flojo la puerta.

-Soy Freddy.

No me lo podía creer, le dije que esperara un segundo y me limpié la mano con un poco de papel, me subí las braguitas y abrí.

-¿Qué pasa? -pregunté un poco descontenta de no haberme podido correr como deseaba.

-¿Quieres follar? -me dijo enseñándome un condón.

Me quedé paralizada durante unos segundos. Quería y lo estaba deseando así que le dije un sí sin más. Él cerró la puerta para que nadie pudiera entrar y pillarnos.

-Ven aquí. -dijo bajándose los pantalones y poniéndose el preservativo.

Hice lo que me pidió. Al estar frente a él sentí estar en una de las tantas fantasías que había tenido hasta ese día con él. Se quedó completamente desnudo. Me agarró de la cintura y comenzó a besarme en los labios y en el cuello, para luego, tras quitarme la camiseta y el sujetardor, chuparme las tetas. Yo estaba a mil y deseaba correrme cuanto antes. Me desabrochó la falda del uniforme y me bajó las bragas, cogiéndome por el culo y sentándome en uno de los lavabos.

Me besaba por todos lados y cuando llegó a mi entrepierna me miró y me sonrió.

-¿Te han chupado alguna vez el coño? -me preguntó.

-No... -dije sonriéndole.

El primer beso me hizo lanzar un gemido que apenas se olló. Empezó chupándomelo y terminó con su lengua dentro. No podía parar de gemir, me estaba corriendo cuando, de repente, paró.

-¿Por qué paras? -le dije.

Sin contestar me agarró del culo otra vez, me puso contra la pared y me metió la polla.

-Te la voy a meter hasta el fondo. -me dijo al oído.

Era una sensación completamente diferente. Sentí un leve dolor que se transformó en un placer que me encantó.

-Follame... follame... -le decía.

Cada vez iba más rápido, mis manos recorrían su espalda, sus labios y su cara se restregaban contra mis tetas y mis ojos atendían a la imágen de él de espaldas y yo ante el espejo.

Veía su culo moverse hacia adelante y hacia atrás y me ponía aún más cachonda. Nos corrimos gemiendo a la par.

-Sí... sí... -me susurraba al oído mientras terminaba de correrse dentro de mí.

Al terminar nos quedamos así un segundo, respirando. Fue entonces cuando me bajó de sus brazos, nos vestimos y ví como mi mayor fantasía se había cumplido en unos minutos.

No volvimos ha hacerlo, de hecho todo volvió a lo que había sido hasta ese día. Aún así y desde entonces él es la razón por la que me masturbo, la razón de mis fantasías, mi pensamiento cuando follo con otro. Él es la razón de mi sexualidad.