Noche en el hotel (Parte 3)
Me desperté de repente. Miré a mi lado y él no estaba. Había sido un sueño erótico maravilloso pero me sentí desanimada y tremendamente cachonda. Siempre que no llegas al éxtasis en un sueño erótico parece que te falta algo.
Me levanté mojada y desnuda, me habría gustado que él hubiera estado aquí, así habría podido desahogarme del todo como en mi sueño.
Puse la televisión, no había nada que me interesara. Estuve haciendo zapping unos minutos hasta que oí ruidos en el baño.
Abrí la puerta y vi a Max saliendo de la ducha.
-Buenos días preciosa. -dijo sonriendo y completamente desnudo. -¿Has dormido bien?
Me senté en el retrete y miré su cuerpo entero, ambos estabamos desnudos y no nos importaba.
-Sí, bastante bien... -contesté sonriendole.
Cogió una toalla y se la lió a la cintura. Yo no podía dejar de mirarle.
-¿Trabajas esta mañana?
-Dentro de una hora. -dijo echándose la espuma de afeitar.
Me coloqué detrás de él y comencé a besarle la espalda. Olía tan bien como en mi sueño. Le abracé fuerte, pegando mi pecho a su musculosa espalda.
Acaricié su torso y restregándome metí mi mano por la toalla. Él se enjuagó la cara y me sonrió picaronamente.
Comencé a mastubarle poco a poco y su respiración fue aumentando.
-¿Todavía quieres más preciosa?
-Yo siempre quiero más...
Se dió la vuelta y comenzamos a besarnos y a tocarnos como locos. Nos masturbabámos uno al otro y yo sentía que era el mejor hombre que me había follado nunca.
Le aparté de mí riéndome y él se quitó la toalla, dejándo al descubierto su pene erecto. Le hice un gesto para que se metiera conmigo a la ducha.
-Ven aquí cariño... ven con mamá... -le dije tirándole un beso.
Directamente se metió y yo encendí el agua. Me puse debajo y me froté las tetas mientras él me miraba. Se notaba que estaba cachondo y a mí me gustaba.
-Mira que eres mala. -dijo él. Yo me reí y me acerqué a él.
De nuevo nos besábamos. Me saboreó por todas partes y yo no dejé de tocarle para corresponderle.
Cuando ya no pudimos más él me agarró del culo, me puso contra la pared y me penetró bajo el agua templada que nos caía a ambos encima.
Sólo se oían nuestros gemidos y el chorro del agua. En ese momento solo existíamos él y yo y, como en mi sueño, deseé que eso nunca terminase. Me gustaba poder hacerlo a todas horas con alguien como él.
Llegamos al orgasmo en cuestión de minutos. Me besó en los labios con un beso que me hizo caer reventada en sus brazos.
Nos quedamos unos minutos ahí, debajo del agua, abrazados y acariciándonos.
Me sentía viva y lista para ese nuevo día.



angel dijo
te echaba de menos
1 Junio 2007 | 08:06 PM