Jugando en la cama
Me encanta caminar por la calle e ir mirando escaparates. Nunca entro a las tiendas, solo miro, me divierte más y es más barato.
Una mañana, aburrida de estar sola en casa, salí a dar vueltas por la ciudad y entretenerme un rato.
Estaba mirando un escaparate de una tienda de discos cuando miré hacia adelante y me di cuenta de que habían puesto una Sexshop y me entró la curiosidad. Pensé en Max y sonreí al pensar qué cara pondría si en vez de regalarle un CD o una película le regalase algún juguetito sexual para nuestro aniversario.
Ni corta, ni perezosa, entré en aquella tienda. Desde muñecas inchables hasta vibradores que me ponían la carne de gallina. Aquel lugar era un imperio para mí y algo me recorrió el cuerpo.
-¿Qué desea? -preguntó el encargado.
-Verás... mi novio y yo cumplimos un año juntos y he pensado en regalarle algo... original.
El chaval me sonrió y entró al almacen. Vino a los pocos minutos con varias cosas.
-Tengo bragas y calzoncillos comestibles. Los estoy vendiendo como churros. También tengo bolitas chinas. A las chicas os encanta.
En ese momento me vino a la mente Max comiendome el chocho con una de esas bragas y sonreí.

-Me llevo todo esto. -en ese momento mis ojos se posaron en un traje de señora de la limpieza muy sexy, con un plumero con forma de pene. -Y ese traje también.
Me lo metió todo en una bolsa muy sugerente y salí de allí contentísima y deseosa de que llegara la noche para darle los regalos a Max.
A las ocho y media de la tarde me probé el vestido y aunque me quedaba un poco estrecho, pensé que no importaba pues, tampoco lo llevaría demasiado tiempo puesto. Me coloqué las bragas comestibles y cuando oí la puerta de casa me tendí en la cama con el plumero y los calzoncillos en la mano.
Al entrar a la habitación se quedó parado sonriéndome.
-¿Y esto? -dijo él.
-Hola cariño... -dije levantándome la falda. -Feliz aniversario...
Le lancé los calzoncillos y los cogió al vuelo.
-Póntelos. -le ordené levantándome de la cama y acercándome a él. -Son comestibles. -le susurré y le sonreí.
Empecé a quitarle la ropa léntamente. Le besaba el cuello, le tocaba el paquete y el culo. Se quedó completamente desnudo y se puso los calzoncillos.
Le empujé hacia la cama y me puse encima de él.
-Preciosa, estás llena de sorpresas.
Comencé a besarle los labios. Le acaricié el torso y la polla, que empezaba a crecer dentro del calzoncillo.
Intentó acariciarme, pero no le dejé.
-No. Primero tú... luego yo.
Apoyó la cabeza en la almohada y yo empecé a masturbarle sin quitarle el calzoncillo. Gemía de placer.
-¿Quieres que te la coma? -le dije.
-Sí... cómetela entera.
Me sonrió y yo abrí mi boca y empecé a saborear los calzoncillos.
-Espera... -me paró. -Hagamos un 69. Yo también quiero probar esas bragas.
Me pareció buena idea, así que dejé que me desnudara.
-Qué sexy estás con el traje. -me dijo. -Me voy a comer esas tetas que tienes. Me pones a mil Amelia...
Empezó a sobármelas. Yo notaba su pollita deseosa de salir. Le volví a empujar para que se recostara y ya solo con las bragas puse mi coño sobre su boca.
Me agarró del culo y aunque llevaba las bragas notaba su lengua y sus labios comiéndose cada lado de mi chocho hambriento. Yo no paraba de abrir la boca, aunque a veces tenía que parar porque gemía del gusto. Él me quitó las bragas y yo hice lo mismo con los calzoncillos. Era más fácil mamársela así.
Me la metí en la boca. Cuánto más rápido y más adentro me metía su lengua, más adentro me metía yo su polla. Él llegó al orgasmo antes que yo, siempre que le hacía una mamada se corría en seguida. No había nada que le gustara más.
-¿Te has corrido? -me preguntó.
-No... -me acordé de las bolas chinas que también compré.
Las saqué y se las enseñé.
-Pero puedes hacer que me corra con esto...
Me hizo un gesto para que me acercara a él. Se sentó en la cama y me pidió que me pusiera en su regazo. Abrí las piernas y empezó a besarme el cuello y a tocarme las tetas.
Fue recorriéndome el cuerpo poco a poco con las manos y, al llegar a la entre pierna, agarró las bolas chinas entre sus dedos. Mientras me tocaba los pezones con una mano, con la otra me masturbaba.
Yo notaba medio extasiada esas bolas y sus dedos recorriéndome el coño mojado. Luego siguió con ambas manos y la presión me hacía estremecerme de placer.
Cada vez iba más rápido, yo ya no podía más. Abrí al máximo mis piernas y me corrí entre sus manos y las bolas chinas.
Lancé un gemido detrás de otro, pidiéndole que no parase, que me follase hasta morir...




Barranquilla dijo
Me ha gustao mucho lo de tus clazones comestibles. A que saben?
5 Junio 2007 | 06:36 PM